Big Eyes

Biopic en formato de drama convencional. No es extraordinario pero sí eficiente.

Amy Adams

Amy Adams, parecido razonable con Doris Day.

Big Eyes no es nada de lo que se pueda esperar de Tim Burton. O, al menos, de lo que antes se esperaba de Tim Burton. Porque si bien es un drama correctamente narrado, con una realización de gran oficio y un resultado de calidad, es un producto absolutamente convencional en forma y fondo: no posee ningún tipo de alarde visual; el argumento no es, ni de lejos, un tema perturbador; tampoco intenta experimentar en la manera de contar. De hecho, apenas pueden reconocerse algunos pocos iconos de su filmografía (como la fugaz localización de barrio suburbano o la ambientación kitsch), aunque siga recurriendo a habituales colaboradores (como el compositor Danny Elfman). En general, salvo el hecho en sí de reivindicar a una artista de tan dudoso arte como Margaret Keane y ahondar en su psicología, podría haber sido rodada por cualquier otro director.

Olvidémonos de Ed Wood, Big Fish o, desde luego, Eduardo Manostijeras. Sólo de esa manera podremos disfrutar de este film. Big Eyes no es brillante, pero sí disfrutable desde varios puntos de vista. La interpretación de Amy Adams y Christoph Waltz es diligente y siempre adecuada al guion. La estructura tradicional permite seguir un discurso fluido, de vez en cuando emotivo, que permite inmiscuirse en los sentimientos y motivaciones de la protagonista cómodamente. La presentación audiovisual es verosímil, más de lo que encontramos en mucho cine. El resultado, por tanto, es una historia realista, con personajes de carne y hueso. Incluso podemos atribuirle el toque irreverente (muy descafeinado) de dar trascendencia a una de las manifestaciones más ñoñas que pudo dar la industria artística durante el siglo veinte.

Big Eyes

El artista contra el mercado; la mujer contra el hombre; la creatividad contra la esterilidad. Big Eyes es más que lucha de sexos.

Además aborda algunos aspectos del arte de gran interés: el atribucionismo, esa manía impenitente de evaluar el arte según su autor; la comercialización de la producción artística, que borra los límites entre la obra de arte y su reproducción plástica masificada; la motivación creadora; el papel de la mujer en un mundo de hombres…

Sí. Puede que uno de los mayores logros de Big Eyes sea la manera de completar con matices mundanos y cotidianos la reivindicación de la mujer. A pesar de que la trama principal de por sí parece claramente feminista, son la construcción del personaje principal (con sus dudas, sus temores, sus quehaceres diarios) y las ambientaciones histórica y social las que subliman esa reivindicación.

Drama biográfico muy alejado de la filmografía clásica de Tim Burton. Sin embargo, solvente.

Ficha de la película

Título: Big Eyes

Título original: Big Eyes

Género: Drama

Nacionalidad: Estadounidense

Año de producción: 2014

Director: Tim Burton

Guion: Scott Alexander, Larry Karaszewski

Fotografía: Bruno Delbonnel

Música: Danny Elfman

Premios: Nominada a 3 Globos de Oro (actor, actriz y canción) y en los Independent Spirit Awards (guion)

Duración: 106 minutos

Intérpretes: Amy Adams, Christoph Waltz, Danny Huston, Jason Schwartzman, Krysten Ritter, Terence Stamp

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Mr. Turner

Drama descriptivo de una calidad desbordante. A quien no le guste el género le parecerá aburrida. Para los demás estará en los lindes de la obra maestra.

Timothy Spall

Timothy Spall da vida al pintor Joseph Mallord William Turner.

Para entender esta crítica voy a citar una breve anécdota. Una noche en el teatro, durante el descanso de la ópera Madama Butterfly, de Puccini, oí a un caballero el siguiente comentario: «Está muy bien, pero me gustaría escuchar unos Gavilanes o una Francisquita». Respondí, sin dar posibilidad a una más que probable y poco elegante réplica: «Si viene a la representación de una ópera italiana no se queje por escuchar una ópera italiana. Vaya a ver Los Gavilanes. Y todos felices». Si se pide ternera, ¿a son de qué quejarse porque sepa a ternera y no a pollo? A quien no le gusten los largos dramas biográficos sobre personajes del siglo XIX, que no los vea. Y todos felices.

No voy a decir que Mr. Turner sea una película fácil: un larguísimo metraje y una narración que se basa en la descripción y en la construcción de personajes suponen, sin duda, un reto para la atención. Pero esa descripción y esa construcción son tan absolutamente maravillosas que con la mínima predisposición el placer está asegurado. El film huye de los recursos literarios que tantas veces transforman las biografías en ficciones irrelevantes. Mike Leigh se ha asegurado, en cambio, de crear un profundo retrato del protagonista a base de pequeñas anécdotas y situaciones, que nos dan una visión más rica que cualquier hazaña novelesca.

Turner

La fotografía y el guion insertan las imágenes que Turner trató de reproducir en sus cuadros.

Timothy Spall tiene una grandísima responsabilidad que sabe dominar y aprovechar al máximo con una interpretación magnífica, capaz de ser a la vez sobria y extravagante. Da vida a un artista peculiar y consecuente, con tantos matices como un ser de carne y hueso. El resto del elenco es asombrosamente creíble, desde la callada Dorothy Atkinson, que con dos miradas dice más que muchos actores con diez párrafos, hasta el extrovertido Paul Jesson.

¿Vamos a caer en el tópico de la calidad fotográfica? Pues sí. Si una película se merece que todos caigamos, pero de rodillas al admirarla, es ésta. La fotografía es elocuente, grandiosa, intimista, soñadora, casi siempre pictorialista, pero nunca igual: unas veces académica, otras costumbrista, algunas, sorprendentemente, cercana al impresionismo, o al romanticismo. Pero tan coherente en cada escena que mantiene la personalidad del film. La música apoya las imágenes, las reafirma en su preciosismo y deja fluir los diálogos (y más los silencios) con una contención elogiable.

Naturalmente no es una obra perfecta: es arriesgada en su pausa, en el ritmo constante pero sin dirección aparente, en la estructura homogénea que hace difícil distinguir valles, picos e inflexiones. Un riesgo que deja un gusto dulce, pero que expira tan pronto termina el film.

Drama biográfico, lento y descriptivo, pero de argumento magnético y visualmente atractivo, muy recomendable para adictos a las narraciones de época pausadas y muy, muy británicas.

Ficha de la película

Título: Mr. Turner

Título original: Mr. Turner

Género: Drama

Nacionalidad: Británica

Año de producción: 2014

Director: Mike Leigh

Guion: Mike Leigh

Fotografía: Dick Pope

Música: Gary Yershon

Premios: Mejor actor para Timothy Spall en el Festival de Cannes 2014; Mejor actor para Timothy Spall en los Premios del Cine Europeo 2014; Mejor actor para Timothy Spall en el Círculo de Críticos de Nueva York 2014; Mejor director y Mejor actor para Timothy Spall en el Festival de Sevilla 2014

Duración: 149 minutos

Intérpretes: Timothy Spall, Paul Jesson, Dorothy Atkinson, Marion Bailey, Ruth Sheen, Martin Savage

La violencia genera violencia

El ataque a la sede del PP en Madrid era predecible para quien hubiese querido ver. Y con esto quiero decir ver cine español. Porque el cine no sólo es entretenimiento: es un medio de expresión de la sociedad. Uno, en teoría, libre e independiente. Y la rabia bulle en él.

Trato preferente

Trato preferente

Llevaba varias semanas dándole vueltas a este artículo, pero la actualidad y la realidad, como casi siempre, nos alcanzan antes de lo que esperamos. Daniel Pérez Berlanga ha sido detenido por empotrar un coche contra el edificio de la sede del Partido Popular en la calle Génova de Madrid el 19 de diciembre. Lo ha hecho con la intención de hacer estallar el material explosivo que portaba y castigar a unos políticos a los que culpaba de su ruina. Una persona que previamente había estado ingresada en un centro psiquiátrico, sí. Pero frente a la indignación de la clase política destaca la reacción social, que en el mejor de los casos ha sido indiferente, cuando no de simpatía hacia el agresor. Estos sentimientos se han ido fraguando poco a poco, y ha habido señales notorias para quien quisiera ver.

Y para ver basta con acudir a una sala de cine. Algo tan común y corriente como eso. Incluso con leer la cartelera o tener un mínimo interés por la cultura, algo no muy habitual entre nuestros políticos. El nivel de desesperanza, de desgarro, de rabia y de violencia que la crisis ha cosechado en el cine español ha alcanzado a géneros tan variopintos como la comedia del esperpento, el drama, el terror e incluso la ciencia ficción.

Justi&Cia

Justi&Cia

Conocidos son los largometrajes como Justi&Cia, de Ignacio Estaregui, cuya producción tuvo una gran repercusión en los medios de comunicación. O el despropósito Murieron por encima de sus posibilidades, una orgía de sangre más cercana al gore. Pero, también y sobre todo, los cortometrajes, esa dimensión del cine menos conocida pero llena de relatos experimentales y autores con muchas ganas de contar sus ilusiones y desilusiones vitales, aquéllas que suelen estar más apegadas al sentir de la calle.

En Trato preferente Carlos Polo nos muestra a una simpática anciana, una entrañable abuelita que, batidora en mano, destripa a un empleado de banca al sentirse estafada. Absolutamente personal, de Julián Merino, narra cómo una joven resuelve la ecuación de su injusto despido empleando un radiante extintor rojo como ornamento para el cráneo de su jefe. Y más curioso que los argumentos en sí es que ambos están contados en clave cómica con aplauso incluido. Sí, porque los espectadores nos sentimos cómplices del protagonista, en tanto que es imposible no identificarse con la víctima que, por fin y de una vez por todas, se rebela para restablecer la justicia. Por muy tremenda que sea su manera de hacerlo.

La lista de títulos es larga: el drama de Sin respuesta, de Miguel Parra, la denuncia social en la ciencia ficción de Flexibility, de Remedios Crespo; la esperpéntica Firme usted aquí, de Rodrigo Zarza; Pan-demia, firmada por Rubén Sainz… Y no nos podemos olvidar de las coproducciones. De esa grandísima Relatos salvajes, cine con mayúsculas venido de Argentina con la participación de la productora española El Deseo. Dentro de esos relatos salvajes y violentos encontramos una con cierto parecido al suceso de la madrileña calle Génova: ¿será Daniel Pérez Berlanga una versión desequilibrada y menos afortunada del «bombita» argentino?

Relatos salvajes

Relatos salvajes

Cabe la posibilidad de que alguna testa encumbrada de la política, bien por estupidez o por maledicencia, acuse al cine de incitar al delito, al crimen. Nada más lejos. Todo el metraje citado y más aún que no cabe en un solo artículo lo que hace es prevenir. Es un síntoma del malestar que aqueja a nuestro país. Un país no como concepto abstracto, sino formado por personas con nombres y apellidos, con experiencias personales que los arrastran a la amarga sensación de que han sido agredidos por unos dirigentes que consideran ineptos o insensibles. El cine lo hacen esas personas. Ese cine que nuestro Gobierno ha criticado, acusándolo de poca calidad. Ese cine que ha tratado de acallar de diversas maneras y al cual va recortando y asfixiando en una miseria económica, cuando no lo desprestigia sin pudor. Ese cine que les ha avisado, pero que ellos no han querido ver.

Camino de la cruz

Crítica al extremismo católico (y por extensión al integrismo en cualquier doctrina) de arriesgada factura, mensaje inquietante y resultado entre la aprobación y el tedio.

Camino de la cruz

La matriarca tiraniza a la familia de Camino de la cruz.

Quizá necesaria y acertada crítica de cómo el integrismo es una perversión del espíritu religioso, tanto si se origina en un país árabe como en una moderna población del occidente europeo. Camino de la cruz reconstruye a partir de escenas cotidianas el retrato psicológico de una adolescente alemana sojuzgada por una madre dominante, vehemente miembro de una secta católica que no reconoce el Concilio Vaticano II. El complejo de culpa, el anómalo deseo de redención, el omnipresente pecado y, sobre todo, el estrambótico concepto de sacrificio confunden a la menor hasta empujarla al delirio de la beatitud y la muerte.

Un argumento brillante y prometedor que arriesga en una puesta en escena dividida en capítulos rodados en plano secuencia a cámara fija (sólo existen tres movimientos de cámara, si exceptuamos el capítulo en el coche, en movimiento pero, formalmente, también en cámara fija). Un alarde de complicación interpretativa que obliga a un movimiento escenográfico preciso que resulte verosímil; a una profundidad de campo amplia pero sin distorsión de lente; a una iluminación que cubra con naturalidad cada posición actoral; y a unos ensayos hasta la extenuación. Esta opción estilística da importancia al diálogo y al actor y traduce esa fe enclaustrada, protagonista de la película, pero pone a prueba la paciencia del público.

Camino de la cruz

La inocencia se enfrenta a la podredumbre del inquisidor en el confesionario.

Porque, a fin de cuentas, de nada sirve el riesgo, la exactitud formal y la buena intención cuando el mensaje aburre al espectador. El desenlace final de esta historia es tan absolutamente previsible, tan obvia su lectura crítica, tan impertinente su postura estilística, que la segunda mitad del metraje no aporta nada de valor a la audiencia. Dividir el relato en las 14 estaciones del camino a la cruz tampoco es original, y a partir de la octava estación el rótulo que anuncia el título sólo puede provocar algún bostezo, disimulado si quien ocupa la butaca tiene afán de intelectual y preparación de erudito a la violeta.

Quizá la única inquietud que destaca en el tramo final es esa cierta ambigüedad, el amago de milagro que despierta una leve zozobra en la interpretación tan clara que se había dado desde un principio al film. Lamentablemente el vacío de los anteriores 30 minutos erosiona tanto el interés que poco o nada altera la visión de conjunto.

Drama correcto, crítica necesaria, estética depurada. Sin duda llama la atención. Pero todas las buenas críticas sobre ella despiertan unas expectativas innegablemente defraudadas.

Ficha de la película

Título: Camino de la cruz

Título original: Kreuzweg

Género: Drama

Nacionalidad: Alemana

Año de producción: 2014

Director: Dietrich Brüggemann

Guion: Dietrich Brüggemann, Anna Brüggemann

Premios: Mejor guion en el Festival de Berlín 2014, Espiga de Plata y Premio FIPRESCI en la Seminci de Valladolid 2014

Duración: 107 minutos

Intérpretes: Lea van Acken, Franziska Weisz, Florian Stetter, Ramin Yazdani, Hanns Zischler, Birge Schade, Anna Brüggemann, Michael Kamp, Sven Taddicken

Mil noches, una boda (Party Girl)

Un muy interesante ejercicio lleno de realidad sin edulcorar, con enfoque e historia originales, aunque quizá con pocas sorpresas.

Mil noches, una boda (Party Girl)

Mil noches, una boda (Party Girl)

Este amargo relato sobre una trabajadora de la noche, sexagenaria y madre de una familia desestructurada, está interpretado a modo de autorretrato documental por los protagonistas en la vida real de la historia: Angélique Litzenburger, en el personaje central, se encuentra acompañada en pantalla por sus hijos, entre los que se encuentra el director y guionista del film Samuel Theis.

En un formato que cabalga entre el documental y el drama neorrealista, el espectador disfruta de una puesta en escena naturalista, lejos de tópicos y abierta a una rudeza y a una sinceridad que también son patentes en los diálogos y la interpretación. A través de un argumento muy simple se dibujan a la perfección unos personajes singulares precisamente por no tener en absoluto nada de extraordinario. El film consigue transmitir la oscuridad de la noche, la amalgama de capas de maquillaje, la borrachera, la decadencia… En definitiva, la ausencia absoluta de redención.

Mil noches, una boda (Party Girl)

A veces, cuando los personajes tocan fondo, siguen hundiéndose más y más…

La valentía al entregar a la audiencia el punto de vista de una mujer arrasada por esa vida sin expectativas es, quizá, una de las más atrayentes virtudes de esta película. Un juguete roto que flirtea con un mundo sórdido donde la verdad y la mentira son lo mismo, donde conocer la conducta correcta no exime del pecado. La estrategia de presentarlo como quien husmea en el álbum de fotos familiar de Angélique es impecable.

Mil noches, una boda, sin embargo, sorprende poco. Una vez aceptada la premisa de este «no cuento de hadas» la historia se queda encerrada en sí misma, no tanto por defecto sino en virtud precisamente de ser fiel a sí misma, a riesgo de arrancar las esperanzas del espectador.

Atractiva para devotos del realismo amargo y de los personajes que han tocado fondo.

Ficha de la película

Título: Mil noches, una boda (Party Girl)

Título original: Party Girl

Género: Drama

Nacionalidad: Francesa

Año de producción: 2014

Director: Marie Amachoukeli-Barsacq, Claire Burger, Samuel Theis

Guion: Marie Amachoukeli-Barsacq, Claire Burger, Samuel Theis

Fotografía: Julien Poupard

Música: Alexandre Lier, Sylvain Ohrel, Nicolas Weil

Premios: Mejor ópera prima y Mejor reparto en Festival de Cannes 2014

Duración: 95 minutos

Intérpretes: Angélique Litzenburger, Joseph Bour, Mario Theis, Samuel Theis, Séverine Litzenburger, Cynthia Litzenburger