El séptimo hijo

Aburrida, simple y con poco gusto. Ideal para dormirla un domingo por la tarde en la televisión.

Julianne Moore

Julianne Moore, vestida para matar. La única razón por la que se podría ver esta película.

El séptimo hijo es uno de los títulos que pasará a engrosar la lista de películas que dan mala fama al género fantástico. No llega a ser terrible porque Julianne Moore aún consigue que todo metraje en el cual aparezca no sea condenado inmediatamente a una hoguera pública en la plaza mayor. Alguna escena de acción y el presupuesto (mal) invertido en efectos digitales tratan de compensar un guion nefasto con una de las peores actuaciones de Jeff Bridges jamás vista. Sí, incluso peor que en Tron Legacy.

Ben Barnes, que ha ofrecido rentabilidad interpretando al príncipe Caspian en la saga que adapta al cine las novelas Las crónicas de Narnia y que, incluso, tenía un punto a su favor en papeles protagonistas (Dorian Gray), aquí trata de salvar los trastos enfundándose en un héroe de tintes legendarios algo tópico, pero pasable. Lamentablemente, este dudoso soporte no es suficiente para salvar una historia tan mal contada. Y menos aún si la réplica se la da una caricatura de Jeff Bridges en el papel (también tópico) de mentor. Es de suponer que a Julianne Moore la convencieron enseñándole alguno de los modelitos de reina malvada, que la iban a hacer sentirse una diva, y prometiéndole un duelo interpretativo con Bridges (como si el actor, con sus ridículas líneas, tuviera alguna posibilidad). Si no, es incomprensible que se prestara a este disparate.

El séptimo hijo

¿Eso que está al lado de Ben Barnes es Jeff Bridges? Aunque eso dicen los títulos de crédito, algunos creemos que es el clon digital del actor escapado de Tron legacy.

Si el elenco se tambalea, la dirección artística y los efectos digitales son un auténtico despropósito, con algún aspecto realmente brillante combinado con auténticas majaderías que, siendo benévolos, parecen sacadas de una película porno, pero que siendo malpensados intentan imitar, en una burda falsificación, la labor en este apartado de cualquiera de los episodios de Tolkien llevados al cine por Peter Jackson.

Lo peor, sin embargo, es una historia tan trivial, tan exenta de magia y de pasión, tan vista ya en cien ocasiones mil veces mejor narradas, que es difícil verla sin acercarse al aburrimiento absoluto.

Perdón. Eso no es lo peor. Lo peor es que hubiera una segunda parte.

Ficha de la película

Título: El séptimo hijo

Título original: Seventh Son

Género: Fantástico

Nacionalidad: Británica

Año de producción: 2014

Director: Sergey Bodrov

Guion: Charles Leavitt, Matt Greenberg, adaptando la obra original de Joseph Delaney

Fotografía: Newton Thomas Sigel

Música: Marco Beltrami

Duración: 102 minutos

Intérpretes: Jeff Bridges, Julianne Moore, Ben Barnes, Kit Harington

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Big Eyes

Biopic en formato de drama convencional. No es extraordinario pero sí eficiente.

Amy Adams

Amy Adams, parecido razonable con Doris Day.

Big Eyes no es nada de lo que se pueda esperar de Tim Burton. O, al menos, de lo que antes se esperaba de Tim Burton. Porque si bien es un drama correctamente narrado, con una realización de gran oficio y un resultado de calidad, es un producto absolutamente convencional en forma y fondo: no posee ningún tipo de alarde visual; el argumento no es, ni de lejos, un tema perturbador; tampoco intenta experimentar en la manera de contar. De hecho, apenas pueden reconocerse algunos pocos iconos de su filmografía (como la fugaz localización de barrio suburbano o la ambientación kitsch), aunque siga recurriendo a habituales colaboradores (como el compositor Danny Elfman). En general, salvo el hecho en sí de reivindicar a una artista de tan dudoso arte como Margaret Keane y ahondar en su psicología, podría haber sido rodada por cualquier otro director.

Olvidémonos de Ed Wood, Big Fish o, desde luego, Eduardo Manostijeras. Sólo de esa manera podremos disfrutar de este film. Big Eyes no es brillante, pero sí disfrutable desde varios puntos de vista. La interpretación de Amy Adams y Christoph Waltz es diligente y siempre adecuada al guion. La estructura tradicional permite seguir un discurso fluido, de vez en cuando emotivo, que permite inmiscuirse en los sentimientos y motivaciones de la protagonista cómodamente. La presentación audiovisual es verosímil, más de lo que encontramos en mucho cine. El resultado, por tanto, es una historia realista, con personajes de carne y hueso. Incluso podemos atribuirle el toque irreverente (muy descafeinado) de dar trascendencia a una de las manifestaciones más ñoñas que pudo dar la industria artística durante el siglo veinte.

Big Eyes

El artista contra el mercado; la mujer contra el hombre; la creatividad contra la esterilidad. Big Eyes es más que lucha de sexos.

Además aborda algunos aspectos del arte de gran interés: el atribucionismo, esa manía impenitente de evaluar el arte según su autor; la comercialización de la producción artística, que borra los límites entre la obra de arte y su reproducción plástica masificada; la motivación creadora; el papel de la mujer en un mundo de hombres…

Sí. Puede que uno de los mayores logros de Big Eyes sea la manera de completar con matices mundanos y cotidianos la reivindicación de la mujer. A pesar de que la trama principal de por sí parece claramente feminista, son la construcción del personaje principal (con sus dudas, sus temores, sus quehaceres diarios) y las ambientaciones histórica y social las que subliman esa reivindicación.

Drama biográfico muy alejado de la filmografía clásica de Tim Burton. Sin embargo, solvente.

Ficha de la película

Título: Big Eyes

Título original: Big Eyes

Género: Drama

Nacionalidad: Estadounidense

Año de producción: 2014

Director: Tim Burton

Guion: Scott Alexander, Larry Karaszewski

Fotografía: Bruno Delbonnel

Música: Danny Elfman

Premios: Nominada a 3 Globos de Oro (actor, actriz y canción) y en los Independent Spirit Awards (guion)

Duración: 106 minutos

Intérpretes: Amy Adams, Christoph Waltz, Danny Huston, Jason Schwartzman, Krysten Ritter, Terence Stamp

Mr. Turner

Drama descriptivo de una calidad desbordante. A quien no le guste el género le parecerá aburrida. Para los demás estará en los lindes de la obra maestra.

Timothy Spall

Timothy Spall da vida al pintor Joseph Mallord William Turner.

Para entender esta crítica voy a citar una breve anécdota. Una noche en el teatro, durante el descanso de la ópera Madama Butterfly, de Puccini, oí a un caballero el siguiente comentario: «Está muy bien, pero me gustaría escuchar unos Gavilanes o una Francisquita». Respondí, sin dar posibilidad a una más que probable y poco elegante réplica: «Si viene a la representación de una ópera italiana no se queje por escuchar una ópera italiana. Vaya a ver Los Gavilanes. Y todos felices». Si se pide ternera, ¿a son de qué quejarse porque sepa a ternera y no a pollo? A quien no le gusten los largos dramas biográficos sobre personajes del siglo XIX, que no los vea. Y todos felices.

No voy a decir que Mr. Turner sea una película fácil: un larguísimo metraje y una narración que se basa en la descripción y en la construcción de personajes suponen, sin duda, un reto para la atención. Pero esa descripción y esa construcción son tan absolutamente maravillosas que con la mínima predisposición el placer está asegurado. El film huye de los recursos literarios que tantas veces transforman las biografías en ficciones irrelevantes. Mike Leigh se ha asegurado, en cambio, de crear un profundo retrato del protagonista a base de pequeñas anécdotas y situaciones, que nos dan una visión más rica que cualquier hazaña novelesca.

Turner

La fotografía y el guion insertan las imágenes que Turner trató de reproducir en sus cuadros.

Timothy Spall tiene una grandísima responsabilidad que sabe dominar y aprovechar al máximo con una interpretación magnífica, capaz de ser a la vez sobria y extravagante. Da vida a un artista peculiar y consecuente, con tantos matices como un ser de carne y hueso. El resto del elenco es asombrosamente creíble, desde la callada Dorothy Atkinson, que con dos miradas dice más que muchos actores con diez párrafos, hasta el extrovertido Paul Jesson.

¿Vamos a caer en el tópico de la calidad fotográfica? Pues sí. Si una película se merece que todos caigamos, pero de rodillas al admirarla, es ésta. La fotografía es elocuente, grandiosa, intimista, soñadora, casi siempre pictorialista, pero nunca igual: unas veces académica, otras costumbrista, algunas, sorprendentemente, cercana al impresionismo, o al romanticismo. Pero tan coherente en cada escena que mantiene la personalidad del film. La música apoya las imágenes, las reafirma en su preciosismo y deja fluir los diálogos (y más los silencios) con una contención elogiable.

Naturalmente no es una obra perfecta: es arriesgada en su pausa, en el ritmo constante pero sin dirección aparente, en la estructura homogénea que hace difícil distinguir valles, picos e inflexiones. Un riesgo que deja un gusto dulce, pero que expira tan pronto termina el film.

Drama biográfico, lento y descriptivo, pero de argumento magnético y visualmente atractivo, muy recomendable para adictos a las narraciones de época pausadas y muy, muy británicas.

Ficha de la película

Título: Mr. Turner

Título original: Mr. Turner

Género: Drama

Nacionalidad: Británica

Año de producción: 2014

Director: Mike Leigh

Guion: Mike Leigh

Fotografía: Dick Pope

Música: Gary Yershon

Premios: Mejor actor para Timothy Spall en el Festival de Cannes 2014; Mejor actor para Timothy Spall en los Premios del Cine Europeo 2014; Mejor actor para Timothy Spall en el Círculo de Críticos de Nueva York 2014; Mejor director y Mejor actor para Timothy Spall en el Festival de Sevilla 2014

Duración: 149 minutos

Intérpretes: Timothy Spall, Paul Jesson, Dorothy Atkinson, Marion Bailey, Ruth Sheen, Martin Savage

Camino de la cruz

Crítica al extremismo católico (y por extensión al integrismo en cualquier doctrina) de arriesgada factura, mensaje inquietante y resultado entre la aprobación y el tedio.

Camino de la cruz

La matriarca tiraniza a la familia de Camino de la cruz.

Quizá necesaria y acertada crítica de cómo el integrismo es una perversión del espíritu religioso, tanto si se origina en un país árabe como en una moderna población del occidente europeo. Camino de la cruz reconstruye a partir de escenas cotidianas el retrato psicológico de una adolescente alemana sojuzgada por una madre dominante, vehemente miembro de una secta católica que no reconoce el Concilio Vaticano II. El complejo de culpa, el anómalo deseo de redención, el omnipresente pecado y, sobre todo, el estrambótico concepto de sacrificio confunden a la menor hasta empujarla al delirio de la beatitud y la muerte.

Un argumento brillante y prometedor que arriesga en una puesta en escena dividida en capítulos rodados en plano secuencia a cámara fija (sólo existen tres movimientos de cámara, si exceptuamos el capítulo en el coche, en movimiento pero, formalmente, también en cámara fija). Un alarde de complicación interpretativa que obliga a un movimiento escenográfico preciso que resulte verosímil; a una profundidad de campo amplia pero sin distorsión de lente; a una iluminación que cubra con naturalidad cada posición actoral; y a unos ensayos hasta la extenuación. Esta opción estilística da importancia al diálogo y al actor y traduce esa fe enclaustrada, protagonista de la película, pero pone a prueba la paciencia del público.

Camino de la cruz

La inocencia se enfrenta a la podredumbre del inquisidor en el confesionario.

Porque, a fin de cuentas, de nada sirve el riesgo, la exactitud formal y la buena intención cuando el mensaje aburre al espectador. El desenlace final de esta historia es tan absolutamente previsible, tan obvia su lectura crítica, tan impertinente su postura estilística, que la segunda mitad del metraje no aporta nada de valor a la audiencia. Dividir el relato en las 14 estaciones del camino a la cruz tampoco es original, y a partir de la octava estación el rótulo que anuncia el título sólo puede provocar algún bostezo, disimulado si quien ocupa la butaca tiene afán de intelectual y preparación de erudito a la violeta.

Quizá la única inquietud que destaca en el tramo final es esa cierta ambigüedad, el amago de milagro que despierta una leve zozobra en la interpretación tan clara que se había dado desde un principio al film. Lamentablemente el vacío de los anteriores 30 minutos erosiona tanto el interés que poco o nada altera la visión de conjunto.

Drama correcto, crítica necesaria, estética depurada. Sin duda llama la atención. Pero todas las buenas críticas sobre ella despiertan unas expectativas innegablemente defraudadas.

Ficha de la película

Título: Camino de la cruz

Título original: Kreuzweg

Género: Drama

Nacionalidad: Alemana

Año de producción: 2014

Director: Dietrich Brüggemann

Guion: Dietrich Brüggemann, Anna Brüggemann

Premios: Mejor guion en el Festival de Berlín 2014, Espiga de Plata y Premio FIPRESCI en la Seminci de Valladolid 2014

Duración: 107 minutos

Intérpretes: Lea van Acken, Franziska Weisz, Florian Stetter, Ramin Yazdani, Hanns Zischler, Birge Schade, Anna Brüggemann, Michael Kamp, Sven Taddicken

Mil noches, una boda (Party Girl)

Un muy interesante ejercicio lleno de realidad sin edulcorar, con enfoque e historia originales, aunque quizá con pocas sorpresas.

Mil noches, una boda (Party Girl)

Mil noches, una boda (Party Girl)

Este amargo relato sobre una trabajadora de la noche, sexagenaria y madre de una familia desestructurada, está interpretado a modo de autorretrato documental por los protagonistas en la vida real de la historia: Angélique Litzenburger, en el personaje central, se encuentra acompañada en pantalla por sus hijos, entre los que se encuentra el director y guionista del film Samuel Theis.

En un formato que cabalga entre el documental y el drama neorrealista, el espectador disfruta de una puesta en escena naturalista, lejos de tópicos y abierta a una rudeza y a una sinceridad que también son patentes en los diálogos y la interpretación. A través de un argumento muy simple se dibujan a la perfección unos personajes singulares precisamente por no tener en absoluto nada de extraordinario. El film consigue transmitir la oscuridad de la noche, la amalgama de capas de maquillaje, la borrachera, la decadencia… En definitiva, la ausencia absoluta de redención.

Mil noches, una boda (Party Girl)

A veces, cuando los personajes tocan fondo, siguen hundiéndose más y más…

La valentía al entregar a la audiencia el punto de vista de una mujer arrasada por esa vida sin expectativas es, quizá, una de las más atrayentes virtudes de esta película. Un juguete roto que flirtea con un mundo sórdido donde la verdad y la mentira son lo mismo, donde conocer la conducta correcta no exime del pecado. La estrategia de presentarlo como quien husmea en el álbum de fotos familiar de Angélique es impecable.

Mil noches, una boda, sin embargo, sorprende poco. Una vez aceptada la premisa de este «no cuento de hadas» la historia se queda encerrada en sí misma, no tanto por defecto sino en virtud precisamente de ser fiel a sí misma, a riesgo de arrancar las esperanzas del espectador.

Atractiva para devotos del realismo amargo y de los personajes que han tocado fondo.

Ficha de la película

Título: Mil noches, una boda (Party Girl)

Título original: Party Girl

Género: Drama

Nacionalidad: Francesa

Año de producción: 2014

Director: Marie Amachoukeli-Barsacq, Claire Burger, Samuel Theis

Guion: Marie Amachoukeli-Barsacq, Claire Burger, Samuel Theis

Fotografía: Julien Poupard

Música: Alexandre Lier, Sylvain Ohrel, Nicolas Weil

Premios: Mejor ópera prima y Mejor reparto en Festival de Cannes 2014

Duración: 95 minutos

Intérpretes: Angélique Litzenburger, Joseph Bour, Mario Theis, Samuel Theis, Séverine Litzenburger, Cynthia Litzenburger

El amor es extraño

Pequeña gran historia sobre el amor donde destacan actores y escenas, pero que no da todo lo que promete.

El amor es extraño

La pareja protagonista.

El amor es extraño es un drama romántico que, entre sus mayores virtudes, logra recordar al espectador que el amor no sólo se vive en la juventud y en impresionantes aventuras. También en la vejez, en el día a día, en un pequeño apartamento, en los sueños que no se consiguen, en la imperfección. Porque ésa es la historia de Ben y George, una pareja que tras casi 40 años juntos debe abandonar su casa por los problemas económicos y dividirse en casas de amigos y familiares.

Si algo resulta sobresaliente en toda la película es el reparto. John Lithgow y Alfred Molina dan vida a los protagonistas. Y la frase hecha nunca se adaptó mejor a la realidad: la construcción interpretativa da lugar a dos personajes de carne y hueso, canas y arrugas, miedos, certezas, experiencia, cariño y sentimientos. Ambos actores emanan la magia de convertirse en un matrimonio homosexual con toda una vida en común, transformando los diálogos y gestos en los tácitos cómplices del conocimiento mutuo. Entre los secundarios la líder absoluta es una magnífica Marisa Tomei, responsable de un personaje de peso que, sin embargo, tiene la sabiduría de acotar para no mermar el protagonismo de Lithgow y Molina.

El amor es extraño

Marisa Tomei, una gran secundaria.

El guion, de escenas bien pensadas y correctamente traducidas a imágenes, teje un drama sin dramatismos, con un tono amable que roza ligeramente la comedia. Disecciona la naturaleza humana, enfrentando a la persona común y corriente contra los problemas diarios que desvelan la precariedad de sus valores, de su compromiso con los demás. En definitiva, nos revela que a veces la convivencia también es un duro reto de heroicidad.

No obstante, cada uno de los buenos elementos se diluye en el conjunto. La sucesión de escenas no crea un ritmo adecuado, sobre todo en el último tercio de metraje, y el proceso emotivo parece estancarse. Como consecuencia el espectador no sabe a ciencia cierta en qué punto del relato se encuentra y el final produce cierta sensación de desencanto y extrañeza. Una película satisfactoria, discretamente elegante, pero no la obra redonda que hubiera podido ser.

Perfecta para disfrutar de romances otoñales y dramas cotidianos.

Ficha de la película

Título: El amor es extraño

Título original: Love is strange

Género: Drama

Nacionalidad: Estadounidense

Año de producción: 2014

Director: Ira Sachs

Guion: Ira Sachs, Mauricio Zacharias

Fotografía: Christos Voudouris

Duración: 94 minutos

Intérpretes: John Lithgow, Alfred Molina, Marisa Tomei, Darren Burrows, Charlie Tahan, Cheyenne Jackson, Tatyana Zbirovskaya, Olya Zueva, Jason Stuart, Darren E. Burrows, Harriet Sansom Harris, Manny Perez, Christina Kirk, John Cullum, Eric Tabach, Tank Burt, Daphne Gaines, Christopher King, Maryann Urbano, David Bell

Interstellar

Recomendable pero excesiva, Interstellar tiene hambre de convertirse en un clásico de la ciencia ficción.

Interstellar

Matthew McConaughey se enfunda el traje de astronauta.

La gravosa longitud del metraje, que amenaza con ser el mayor obstáculo para su éxito comercial, permite a esta gran película reunir varios géneros, construir con solvencia tramas y subtramas y dar cobijo a unos personajes creíbles de medidas interpretaciones. Casi tres horas de duración dan para tantos logros que la balanza se inclina hacia las bondades, compensando las lagunas y defectos que en 168 minutos también pueden encontrarse.

Sobre un argumento ya típico en la ciencia ficción (un futuro convulso en el que se adivina la extinción de la especie humana) Christoper Nolan emprende un viaje singular, con obvias refencias a 2001: una odisea del espacio, pero también a otros hitos de la cultura cinematográfica norteamericana, como Elegidos para la gloria. El director y coguionista sabe conjugar estos modelos con los rasgos propios de su filmografía, destacando la profundidad psicológica en las motivaciones de sus personajes, la espectacularidad de las imágenes y los mensajes trascendentes (Origen, El Caballero oscuro).

Interstellar

La Tierra deja de ser la esperanza de la humanidad.

Buenos actores acompañan también a Nolan: Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Jessica Chastain, John Lithgow, Michael Caine… Todos trazan unas personalidades coherentes, que sobresalen en un guion donde las acciones y los diálogos se hermanan para lograr un sólido relato en el que los tramos de drama, acción, suspense y la más pura ciencia ficción se ligan perfectamente.

Interstellar pretende así llegar a ser un nuevo clásico. Para conseguirlo debe sortear lo denso de su discurso pseudocientífico y los efectistas recursos que emplea para simplificar la teoría de la relatividad (un reto en absoluto baladí) que tienen un irregular éxito. También se enfrenta a un final que intenta, innecesariamente, cerrar todas las tramas, restando importancia a la principal. Y, por supuesto, debe arrostrar al agotamiento de un espectador obligado a reunir entereza suficiente para aguantar tres horas en una sala de cine y aprender a disfrutar de ello.

Imprescindible para el amante de la ciencia ficción épica.

Ficha de la película

Título: Interstellar

Título original: Interstellar

Género: Ciencia ficción

Nacionalidad: Estadounidense

Año de producción: 2014

Director: Christopher Nolan

Guion: Jonathan Nolan y Christopher Nolan sobre la idea original de kip Thorne

Fotografía: Hoyte van Hoyteman

Música: Hans Zimmer

Duración: 168 minutos

Intérpretes: Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Jessica Chastain, , Michael Caine, Matt Damon, John Lithgow, Casey Affleck, David Gyasi, Wes Bentley, Bill Irwin, Mackenzie Foy, Timothée Chalamet, Topher Grace, David Oyelowo, Ellen Burstyn