«El guionista debe pensar en los efectos visuales desde el inicio»

Los artífices de efectos en la serie El Ministerio del Tiempo o la película Extinción dan las claves de esta labor imprescindible

Juanma Nogales y Charly Puchol, que suman cuatro nominaciones a los premios Goya, describieron cómo toda producción audiovisual precisa casi obligatoriamente de efectos digitales.

El Ministerio del Tiempo

Construcción digital de los decorados de ‘El Ministerio del Tiempo’

¿Qué son los efectos visuales?

Matadero Madrid acogió el martes 24 de marzo el curso/conferencia ‘Todo lo que guionistas y directores deben saber sobre los efectos digitales (VFX) en cine y televisión’, organizado por DAMA y Bloguionistas. Para ello Joaquín Górriz moderó las intervenciones de Juanma Nogales, supervisor de efectos visuales de Twin Pines (que ha participado en las películas Post tenebras lux y Extinción, o en la serie televisiva Ángel o demonio) y Charly Puchol, productor de efectos digitales en User T38 (responsable de los efectos en la que apunta a convertirse en serie de culto El Ministerio del Tiempo o en la aún no estrenada coproducción entre BBC y Atresmedia Refugiados).

Juanma Nogales comenzó explicando la definición de efectos visuales: «Todo aquello que el director ha podido concebir y que requiere técnicas no habituales en rodaje, ya sea a través de herramientas físicas o digitales». Precisó que antes existían también las herramientas ópticas (a través de la cámara), pero en la actualidad prácticamente han desaparecido.

¿Qué debería saber un guionista?

Nogales aseguró que el guionista debería conocer las cuatro grandes categorías básicas de efectos: los basados en material fotográfico, los basados en material generado, los entornos y los personajes.

Los efectos basados en material fotográfico son, en opinión de los dos expertos, los que mejores resultados ofrecen. Para ellos emplear elementos rodados (o incluso fotografiados) y jugar con dichos elementos en la composición por capas produce los efectos más creíbles y de mayor calidad. Los elementos generados, sin embargo, pueden ser más problemáticos y arriesgados.

Hoy en día los entornos creados por efectos están muy de moda. Precisaron que esta tendencia se debía, sobre todo, a las grandes posibilidades que ofrecía al guionista a la hora de ubicar las acciones, pero sobre todo por la gran versatilidad y abaratamiento que proporciona al productor: «¿Por qué viajar con todo el equipo de rodaje a un lugar si lo puedes generar?».

La cuarta categoría se refiere a los personajes basados en efectos visuales. No tanto porque estén generados íntegramente de forma artificial, sino porque sus características exijan que no puedan ser rodados tal cual. Pusieron como ejemplos los casos de las películas Autómata y Eva.

Lo que no se ve

Pero también mencionaron la importancia de diferenciar los efectos que se ven de los que no se ven. En Estados Unidos los premios que otorga la Asociación de Efectos Visuales se dividen en múltiples categorías, diferenciando las películas «de efectos especiales» y las películas «que no son de efectos especiales»: aquéllas que emplean efectos visuales de apoyo. Por ejemplo, Charly Puchol nombró la escena del quinto capítulo de El Ministerio del Tiempo donde los protagonistas admiran el Guernica, de Picasso. No parece un efecto digital, pero en realidad, por aliviar los trámites de permisos de rodaje y movimiento técnico, el plano está rodado en un plató con un croma. Las escenas finales de la película Kamikaze, donde trabajó Twin Pines, el avión que aparece omnipresente en el aeródromo nunca estuvo allí. Son los efectos invisibles y, sin embargo, tan necesarios que deben aparecer en el guion desde el primer momento.

El estado de los efectos visuales en España

«Ha ganado terreno: antes se veía como el enemigo que roba tiempo de producción. Ahora es un aliado». Puchol definía así la evolución que ha experimentado la figura del productor de efectos digitales. También argumentó el gran avance que habían experimentado los equipos y los programas empleados, redundando además en el abaratamiento en la inversión necesaria.

Este avance, sin embargo, exige una formación constante. «Yo no paro de formarme. Estoy apuntado a un curso dentro de dos meses», afirmó Nogales. En este sentido también estuvieron de acuerdo en que se había mejorado. Ahora existe un flujo sólido entre los centros de formación y el sector, aunque el propio Nogales confesó que él era autodidacta.

¿Y la relación con los guionistas? Charly Puchol elogió la postura de los creadores, que habían empezado a tomar conciencia de que los responsables de efectos debían ser consultados desde las más tempranas fases de escritura del guion. Por ejemplo, Nacho Vigalondo, con quien trabajaron en Open Windows para diseñar toda la interfaz informática empleada por los protagonistas y que da sentido al film; y Javier Olivares (creador y guionista) y Marc Vigil (coordinador de dirección) en El Ministerio del Tiempo.

La asignatura pendiente es el presupuesto, aunque poco a poco también mejora. En cualquier caso, se deben reconocer las limitaciones de nuestro país. Se hacen muy buenos efectos, pero los recursos de tiempo y dinero no permiten hoy por hoy producciones de gran envergadura: «Estamos a un nivel muy bueno, pero no podríamos hacer algo como 300», decía Puchol. «Estamos muy lejos de poder hacer esa cantidad de efectos digitales».

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Boyhood (Momentos de una vida)

Sería una gran película si el protagonista fuera más interesante, pero Patricia Arquette, Ethan Hawke y Lorelei Linklater lo devoran. Sin llegar a obra maestra, es un buen drama de lo cotidiano.

Boyhood

El chaval, muy a pesar suyo, se nos vuelve un poco plasta.

Que nadie embauque a los espectadores: los festivales y los críticos ponen los ojos en blanco ante este largometraje por el particular experimento de la producción, que rodó el guion durante un periodo de doce años. El único fin: que los actores fueran los mismos sin necesitar maquillaje ni caracterización. Sería un magnífico trabajo si se tratara de un documental que describiera la vida real de un grupo de personas a lo largo del tiempo. Pero no olvidemos que es una historia de ficción. El rodar durante doce años se enmarca en la extravagancia del director y guionista Richard Linklater. Un valor añadido engañoso de sorprendente efecto publicitario que otorga mérito para la organización de la producción y para los intérpretes, pero es una pírrica ventaja para el relato.

Patricia Arquette en Boyhood

Patricia Arquette. Grande, como suele estar.

Si desmantelamos el artificio del cansino rodaje, nos queda un drama realista, unas veces emotivo, otras sobrecogedor, rutinario, tierno o exasperante: como la vida misma. La historia es una epopeya de lo cotidiano, de personas de carne y hueso, con defectos y virtudes, que viven y sobreviven. La buena narración cuenta además con una magnífica Patricia Arquette que encarna magistralmente a la madre, a la esposa, a la luchadora vulnerable, a la vez fuerte y frágil. Ethan Hawke dispone de espacio suficiente para dibujar al prototipo del soñador, y Lorelei Linklater, hija del director, sorprende con una viveza interpretativa que borra del plano cada vez que coinciden a su hermano en la ficción, Ellar Coltrane.

Este muchacho protagonista se limita a aparecer delante de la cámara. Según va creciendo parece perder interés en actuar y finalmente sólo nos sirve como nexo entre los personajes realmente atractivos de la película: todos los demás. El peso de los 164 minutos de metraje también puede hacer mella en el público. Sería de agradecer media hora menos.

Recomendada para quien guste de los dramas familiares y cotidianos, pero también para aquellos que busquen historias sólidas, cine de momentos cálidos, sin oropeles pero con talento.

Ficha de la película

Título: Boyhood (Momentos de una vida)

Título original: Boyhood

Nacionalidad: Estadounidense

Año de producción: 2014

Director: Richard Linklater

Guion: Richard Linklater

Premios: Mejor director en el Festival de Berlín 2014, Estreno Mundial en el Festival de Sundance 2014, Gran Premio FIPRESCI como mejor película del año en el Festival de San Sebastián 2014

Duración: 164 minutos

Intérpretes:   Ellar Coltrane, Patricia Arquette, Ethan Hawke, Jordan Howard, Lorelei Linklater, Tamara Jolaine, Tyler Strother, Evie Thompson, Tess Allen, Megan Devine, Fernando Lara, Elijah Smith, Steven Chester Prince, Bonnie Cross, Libby Villari, Marco Perella, Jamie Howard, Andrew Villarreal